domingo, julio 03, 2005

La soledad es..

La soledad no es que no haya nadie. La soledad es ir acompañado por la calle, ver algo que nos llama la atención y saber que uno no puede comentarlo, porque al que viene al lado no le importa, o no escucha, o se encoge de hombros, o mira y ni siquiera se encoge de hombros.

La soledad es oír que pasan por la radio aquella vieja melodía que nos eriza la piel nos vuelve de dieciocho años los recuerdos, y salir corriendo para decirle: "Ven, en a escuchar" y que te responda: "Ya voy...", y cuando por fin llega allí donde lo espera tu corazón y tu impaciencia, el locutor esté diciendo: "La melodía que acabamos de escuchar era.."

La soledad es que haya regresado a casa, y en vez de quedarse contigo se vaya a leer el diario o a mirar el noticiero de televisión. Y es que se olvide de que antes de irse a trabajar, a la mañana quedaron en ir al cine por la noche y al llegar por la noche se quite los zapatos, la corbata y el saco, y no mencione ni por casualidad la invitación.

La soledad es estar esperando, aunque a quien esperemos esté junto a nosotros... junto, al lado..., pero no con nosotros... Oyéndonos, no escuchándonos; mirándonos, pero no viéndonos; estando, no acompañando ni participando ni tratando de entender.

La soledad es querer gritar que aquí, dentro del pecho, se revuelve un dolor formado por silencios, llantos disimulados y preguntas sin respuestas. Es que no podemos decir que nos va mal, pero que tampoco podamos decir que hay una luz de entusiasmo y de ganas en nuestra vida. Es resignarse.

La soledad es que los demás lo vean a uno como apacible y dulce; que piensen que esa apariencia es producto de una maravillosa paz interior, de una sabiduría que los años han ido dejando lujosamente en nuestro ser.

La soledad es empezar a decir: "Me da lo mismo", o "No te preocupes..."; cuando quisiéramos gritar: "Debe ser hoy y ahora", "Quiero ir..", "Quiero hacer...", "Quiero ver...", "Quiero hablar...", "Dios mío, quiero hablar...".

Hablar y hablar hasta decirlo todo, hasta sacarnos de adentro todas las palabras que el miedo y la tristeza, y el desgano han ido amontonando y mutilando, y nos pesan como si fueran bloques de granito.

La soledad es saber que la piedad de los demás no existe, que la infelicidad les causa espanto y miedo porque temen que sea contagiosa; es saber que para estar acompañados hay que bañarse, hay que peinarse bien, vestirse cuidadosamente y parecer totalmente despreocupados y dichosos sin necesidades apremiantes, sin problemas y sin que nadie, nadie se de cuenta que estás solo.


Poldy Bird

1 Comentarios:

Blogger Fairywindy publico...

De alguna forma me recordò los conceptos de Ignacio Larrañaga sobre soledad, solidaridad, solitariedad.
Besos

12:28 a. m.  

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